22 de mayo, la gran fuga de las cárceles franquistas.

Publicado: mayo 22, 2012 en Dictadura Franquista, Franco, Genocidio franquista, Guerra civil, Memoria Histórica, República

Hoy día 22 de mayo toca acordarse de uno de aquellos infiernos fascistas en los que durante décadas la barbarie franquista torturo, asesino y represalio a miles de ciudadanos españoles.

Hoy día 22 de mayo toca acordarse del Penal del Fuerte Alfonso XIII o también conocido como Fuerte de San Cristóbal. En esta fortaleza militar enclavada en la cima del monte Ezkaba de Pamplona, durante años (1934-1945), el régimen franquista torturó a miles de reclusos en condiciones infrahumanas.

Durante la posguerra y la dictadura, la gran mayoría de los recluidos en este infierno fueron republicanos, comunistas, anarquistas o sindicalistas. Estos presos sufrieron en sus propias carnes las condiciones infrahumanas propias de un penal como este. Las palizas, las chinches y piojos, la falta de luz y alimento, y las grandes humedades condujeron a la muerte a cientos de recluidos. La gran mayoría de estos cadáveres, fueren enterrados en un cercano paraje hoy dia conocido por Cementerio de las Botellas. Este peculiar nombre, tiene su origen en que todos los cadáveres eran enterrados con una botella de cristal entre las piernas. Dentro de estas botellas se introducían pedazos de papel en el que figuraban los datos de los allí enterrados, pero con el paso de los años, la gran mayoría de estos papeles se desintegraron dificultando la identificación de estos cadáveres.

En este oscuro lugar, el 22 de mayo de 1938 tuvo lugar uno de esos tantos acontecimientos que las décadas de nacional-catolicismo franquista intentaron olvidar sin éxito. Aquel dia, en aquel monte cercano a Pamplona, tuvo lugar la mayor fuga de un penal franquista, y una de las mayores de las acontecidas en la historia de Europa, tanto por el número de participantes como por las sangrientas consecuencias.

Esta fuga fue preparada por unos treinta presos de forma minuciosa. La operación se inició a la hora de la cena, momento en que había más dispersión de los guardianes. En distintos grupos fueron desarmando a varios de ellos y tras coger su armamento, se dirigieron a donde estaba cenando la compañía de soldados de guardia. Hay que destacar que únicamente murió un soldado como consecuencia de un golpe en la caveza al oponer resistencia. Posteriormente rindieron también a los soldados de las garitas. En una media hora el fuerte fue tomado por los reclusos, que salieron al exterior.

Un soldado que volvía de Pamplona se apercibió de lo que estaba ocurriendo y bajó a la ciudad a dar la voz de alarma. Además, un preso, el falangista Ángel Alcázar de Velasco, encarcelado tras los sucesos de abril de 1937 en Salamanca, también corrió monte abajo para avisar.

Cuando los camiones de los militares con grandes reflectores se acercaron hacia el fuerte, algunos de los presos desistieron en su fuga, de tal forma que fueron contabilizados 1.692 presos a las 3:30 de la madrugada. Se fugaron, por tanto, 795 de los detenidos, que iban mal calzados y vestidos, desnutridos, con escasos fusiles y en desbandada, sin organizar un plan de huida. Se inició inmediatamente la caza de los mismos, que sin apenas resistencia fueron siendo abatidos y detenidos. Consta que el mismo día 23 se detuvo a 259 evadidos, el día 24 ya eran 445 y los días sucesivos a grupos menores. El último fue capturado el 14 de agosto, tres meses después, siendo apodado “Tarzán”, por aguantar tanto tiempo sólo en el monte.

De los 795 fugados fueron detenidos 585, pasando sólo la frontera francesa tres de ellos, e identificando 187 cadáveres, a los que hay que añadir 24 muertos más sin identificar. Esto da, según la contabilidad del fuerte, cuatro más, que pudieran ser huidos de la represión en la retaguardia encontrados tras las intensas pesquisas desarrolladas para capturar a los fugados del fuerte. Aunque la mayor parte pereció en Ezcabarte, que es la cara norte del monte, en Oláibar y en Baztán, la mayoría está registrada en Ansoaín en la falda sur del monte. En total, 211 asesinados durante la captura de los fugados. De los capturados, 16 fueron sometidos a juicio acusados de ser cabecillas, uno fue internado en el manicomio de Pamplona y 14 de ellos fueron condenados a muerte. Estos fueron fusilados en la Vuelta del Castillo, detrás de la ciudadela el 8 de septiembre de ese mismo año: Gerardo Aguado Gómez, Teodoro Aguado Gómez, Bautista Álvarez Blanco, Calixto Carbonero Nieto, Antonio Casas Mateo, Daniel Elorza Ormaetxea, Antonio Escudero Alconero, Ricardo Fernández Cabal, Francisco Herrero Casado, Francisco Hervas Salome, Primitivo Miguel Frechilla, Miguel Nieto Gallego, Rafael Pérez García y Baltasar Rabanillo Rodríguez.

En las posteriores diligencias aparece el delator falangista Ángel Alcázar de Velasco, que vio reducida su pena. Con la reducción de penas también se vieron agraciados otros 60 internos por colaborar. El director del establecimiento, Alfonso de Rojas, fue destituido de su cargo.

La negra historia de este penal cuenta con más de 200 fallecidos, entre enfermos, fugados y fusilados.

Desde que hace una pocas décadas se iniciara el camino por recuperar la memoria histórica, decenas han sido los cadáveres exhumados e identificados en los alrededores de este penal, pero a día de hoy aun son muchos más los cadáveres de inocentes los que reposan en este enclave esperando a ser exhumados para evitar que su historia caiga en el olvido. En este capítulo es digna de mención la Asociación Cultural Txinparta, la cual durante los últimos años lleva realizando un innegable trabajo por recuperar la Memoria Histórica de aquel lugar, así como por exhumar e identificar los restos que de aquellos represaliados.

En definitiva, desde aquí quiero rendir mi particular homenaje a todos los inocentes que perdieron su vida en aquel trágico lugar. Las generaciones posteriores tenemos el deber y la obligación moral de dar a conocer lo sucedido en aquel lugar, para evitar que todos aquellos héroes anónimos caigan el oscuro olvido. Todos ellos perdieron la vida por creer en un mundo mejor víctimas de la sin razón, pero su historia no morirá mientras les sigamos recordando y homenajenado.

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